viernes, 12 de febrero de 2016

EXISTO...



Yo existo debió ser el título de la presente reflexión. Sin ánimo de contrariar la fe de ninguna persona, me propongo exponer mi particular forma de analizar nuestra existencia. Para ello , me voy a valer de un precepto del filósofo René Descartes: Pienso…luego  existo. El primer asunto que se me viene a la mente es que las plantas y animales , a los cuales hemos catalogado como entes inferiores, también los hemos segregado de nuestra facultad de razonar. Pero cabe la duda: ¿Qué es la razón ?.
El ser humano ha promulgado a la razón como un derecho divino y absolutamente suyo: “Sabemos “ diferenciar entre el bien y el mal. Las demás criaturas no saben que existen, ni mucho menos se preocupan por su existencia; pero allí están. El principio basta para corroborar nuestra propia existencia, siempre y cuando pensemos, claro está.
Acto seguido yo puedo aseverar que Dios no existe sino lo pensamos. La idea resulta perturbadora para quien pueda razonar; pero en esta contradicción está la clave de nuestra propia desgracia. Niego a Dios , o simplemente lo omito , y con ello basta para simplificar la razón de nuestra propia existencia.
Ya nos proclamamos hijos de Dios; pero previamente lo negamos. Al menos los ateos no creen que exista un Dios, pero los creyentes no somos menos hipócritas que aquellos, puesto que nos ocupamos de regular la existencia de todo lo que es o existe.
A diferencia de nuestra razón, un ave es una ave, una planta es una planta , y cada cual ejerce su función sin alterar el orden que los rodea. Quizá están muy evolucionados , o demasiados ocupados en sus funciones como para estar preocupándose, o estar razonando, su propia existencia . Simplemente son;  aunque para ellos mismos , estamos presumiendo que no saben que existan.  Así la luz, y el resto de las cosas. Todo es parte de una gran totalidad que no gira particularmente alrededor de nosotros; si no que somos parte de un sistema mayor de energías.. Claro es mas práctico hacer girar al universo alrededor de nuestra propia conveniencia.
¿Somos acaso la primordial razón por la que el universo es ? De ser así , la totalidad es simplemente energía que se está expandiendo dentro de una gran vacío. Un sistema extraordinariamente inútil.  Pero no es así, puesto que ya tenemos la certeza que funciona bajo “las reglas” de su propia armonía . Todo es parte de un equilibrio total.
A  veces , Yo he llegado a elucubrar  que somos la plaga que azotó a los planetas cercanos, incluyendo a la luna y su desértica esencia. En todos ellos hay una característica similar: No hay vida, al menos como aún la conocemos. A todos los hicimos polvo, como ya se está maquinando volverlo hacer con “las nuevas bombas” que quizá ya usamos en otros tiempos y en otros lugares.
Nadie echa de menos lo que no ha vivido, y quizá por eso deseamos tanto regresar a los lugares  donde ya hemos estado. ¿Acaso ya estamos buscando otro refugio donde forjar otro desastre como el que estamos haciendo en nuestro vecindario terráqueo?
Yo prefiero estar equivocado en cuanto a mis presunciones ; pero la realidad me contradice. Seguimos viendo al cielo cuando nos aplasta nuestra propia torpeza.
Seguimos echándole la culpa a un Dios al que ni siquiera obedecemos en sus reglas básicas para la convivencia universal. Seguimos viendo en las guerras un camino para la paz, seguimos aceptando asesinatos a mansalva  en nombre de Dios. Seguimos utilizando a Dios como herramienta para segregar al prójimo.
¿acaso no hemos hecho de la fe una excusa para discriminar a los que no comparten nuestra misma fe? Es muy contradictorio que nos proclamemos hijos de un creador para destruir su obra.
Aún deseo saber que los demás existen y que ello priva en mi propia existencia. Por eso me tomo la libertad de declarar que existo, y esperar que yo exista en la razón del prójimo… al menos en el cercano.

febrero de 2016

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